sábado, 9 de enero de 2010

ADVERTENCIA: PELIGRO

De todos es conocido los efectos nocivos del tabaco sobre la salud, a pesar de ello son innumerables los que eligen libremente su consumo –para algunos inducidos por su carácter adictivo, la nicotina está considerada como la segunda droga más adictiva que existe, sólo superada por el crack (derivado de la cocaína)- y por consiguiente su suicidio placentero a bocanadas de humo, pues según dice en las cajetillas “fumar puede matar”.


Resulta, al menos, contradictorio que por un lado se legisle en contra de su consumo y por otra se consienta y favorezca su venta. Así la ley antitabaco versión 2010 va a prohibir fumar en lugares de ocio cerrados: bares, restaurantes, discotecas…, pero a su vez se vuelve a permitir su venta en los kioscos de prensa. En que quedamos, se penaliza su consumo y a la vez se aumenta el canal de distribución (merci a la Ley Ómnibus de liberalización de servicios) y por consiguiente su acceso. O dicho en términos más mundanos, se cuida de nuestro bienestar –salud- por el ministerio de Sanidad y en el mismo “paquete” se nos perjudica por el de Hacienda, al poner en el mercado algo a todas luces insalubre. Claro esta que en esa balanza entre salud y recaudación, prima esta segunda, pues supone una fuerte vía de ingresos para las arcas públicas (de esta manera pueden despilfarrar más).

De igual manera se podrían crear otras leyes que cuiden de la salud de los ciudadanos, introcuciendo nuevos elementos, la ley de economía sostenible podría ser ese caldo de cultivo para incluir medidas de salud publica como pueden ser las siguientes:



Para algunos el carácter cada vez mas paternalista del gobierno comienza a resultar excesivo. Niño, deja ya de joder con la pelota. Niño, que eso no se dice, que eso no se hace, que eso no se toca.

Entonces cómo resolver este entuerto. Se prohíbe su venta –como aboga Esperanza Aguirre, más de cara a la galería y por incordiar, pues seguro que esa no es la opinión del partido ni la suya propia- muerto el perro se acabo la rabia. O por el contrario se es todavía menos permisivo con su consumo, aun admitiendo su venta lo que resulta paradójico; teniendo en cuenta que la propia Ministra del Ramo, Trinidad Jiménez, reconoce su incumplimiento y no hace nada para evitarlo, lo que resulta censurable, pues quien hace la ley consiente su trampa.

Lo suyo seria dejarlo a la libertad individual, quien quiera humear que lo haga, eso si respetando a los otros, como dijo Jean Paul Sartre: mi libertad se termina donde empieza la de los demás. También en esta cuestión hay que tener en cuenta el principio de permisión que dice que todo lo que no esta prohibido esta permitido y de momento el consumo de tabaco no esta vedado.

4 comentarios:

Anónimo dijo...

Como es poco el pellizco de la cajetilla de tabaco, hay que incrementarlo ¿Como? 500 € la licencia de venta y 85 € trimestrales de por vida como los políticos

Anónimo dijo...

Si mi libertad empieza donde acaba la tuya, ¿por qué no tengo la libertad de ir a un bar y no salir oliendo a humo y con la probabilidad de desarrollar cáncer? Los fumadores son igualmente libres de salir a fumar a un espacio abierto.
La cabezonería de la mayoría de los habitantes de este país se hace patente con este tipo de debates. Te equivocas, no es una cuestión política, es social. Pero mientras haya gente que ponga el grito en el cielo por tener que salir a la calle para fumar, el resto tendremos que seguir aguantando sus malos humos.

Jesús dijo...

Definitivamente me acabo de enganchar a tu blog.

FRANESCO dijo...

Soy fumador y me perjudicará, pero no es tolerable que un no fumador deba tragarse mis humos, salvo en mi casa o en mi coche; menos aún si encima es un camarero currante, que no puede optar por entrar o no al bar. Pero el error fue no aprobarlo en la anterior Ley, ya con el mismo presidente. No se pueden dar esos bandazos, salvo que quieras cabrear a la gente. Imagina qué diríamos si hoy aprobamos el aborto hasta las 16 semanas y dentro de tres años, en otra legislatura, pretendemos subirlo a 24 semanas... En fin.