martes, 4 de julio de 2006

SIN PIEDAD

Siempre que me enfrento a la lectura de un libro, que en un principio me pareció interesante bien por su titulo, contenido o autor, me surge la duda pasadas unas paginas de si continuar leyéndolo o dejarlo y abandonarlo inmisericordemente, si no cumple las expectativas que me habían llevado a el.

El noventa por ciento de la veces, continuo leyéndolo, mas bien por respeto a su autor, que por otra cosa. Lo que ocurre es que al leerlo devoro sus paginas sin ningún tipo de ilusión, de forma mecánica e industrial, a la máxima velocidad, con lo que esto conlleva.

Desde el colegio en que te obligaban a leer unos libros, me he revelado. Leía los libros que a mi me interesaban y dejaba aparcados los obligados.

Ahora puedo confesar que durante el bachillerato, solamente leí un libro por imperativo legal, El Camino de Miguel Delibes, que por cierto me gusto una jartá. Los demás, de obligada lectura, gracias a que tengo hermanos mayores, me libre de leerlos y los resumes o trabajos a realizar sobre ellos, los copiaba, en algunas ocasiones simplemente les cambiaba la portada, (los escritos a maquina), llegándose el caso de poner mejor nota a uno de mis trabajos prestados, que al original por el mismo profesor.

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